Wilde

Cuando estudiaba en la Universidad, una de las asignaturas del penúltimo año fue un curso monográfico dedicado a Oscar Wilde. Me encantó esa asignatura por muchos aspectos, pero especialmente porque me dio la oportunidad de descubrir mucho sobre la vida y obra de este genio que marcó su época por su manera de pensar, de actuar, de escribir, de tratar con los demás…

Tenía esto un poco en el olvido, no quiero decir que se me haya olvidado, me refiero a que hacía mucho tiempo que no hablaba de Wilde o de alguna de sus obras, y recientemente cayó en mis manos la película Wilde. Salvando las distancias obvias, esta película de 1997 trajo a mi memoria muchos recuerdos, no solo de aquel curso, sino también de mi época universitaria, y, sobre todo, de Wilde y su genialidad. Cómo me fascinó su escritura en El retrato de Dorian Grey y en La importancia de llamarse Ernesto, qué grandes obras, cuánto tenemos que aprender de ellas tantos años después (Wilde murió en 1900).

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También he tenido la suerte de haber visto una representación de La importancia de llamarse Ernesto, dicen que su obra maestra. Honestamente, no sabría elegir entre esta y El retrato de Dorian Grey. Ya que la importancia del esteticismo, su visión del sexo y la sexología, la sociedad y el comportamiento que defendía están reflejadas de manera magistral en ambas.

Esta no es la primera vez que escribo sobre Wilde, hace varios años participé en el #reto30libros en un año y una de las lecturas que elegí fue El príncipe feliz, puedes ver un poco más aquí.

Si tenéis la ocasión de ver la película, de leer sobre su vida y de acercaros a sus obras, hacedlo, estoy segura de que no os dejará indiferentes.

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Heterónimo

Heterónimo es una palabra de origen griego, ἑτερώνυμος (heterṓnymos), que según el DRAE tiene los siguientes significados:

1/ Dicho de un vocablo: Que se opone a otro de distinta raíz en algún rasgo morfológico, normalmente el género.

Ejemplos de heterónimos: caballo-yegua, toro-vaca, mujer-hombre, mamá-papá, dama-caballero, hembra-macho.

2/ Identidad literaria ficticia, creada por un autor, que le atribuye una biografía y un estilo particular.

3/ Seudónimo.

A pesar de que la RAE entienda heterónimo y seudónimo como palabras sinónimas, existe una diferencia entre ellas en lo que al ámbito literario se refiere. Según el propio DRAE, seudónimo es el nombre falso que utiliza un autor para enmascarar el propio, es una careta. Esto quiere decir que la identidad es la misma, detrás hay solo una persona. Sin embargo, en el caso de los heterónimos las identidades son diferentes, de hecho son personajes ficticios, no máscaras. Unos ejemplos son:

-Lucila Godoy Alcayaga firmaba como Gabriela Mistral, pero son de la misma identidad. Por tanto es un seudónimo.

Heterónimos son:

-Fernando Pessoa creó a Álvaro de Campos, es un escritor que tiene su propia identidad. También utilizó otros como Ricardo Reis, Bernardo Soares y Antonio Mora entre muchos otros.

Imagen de wikipedia

Imagen de wikipedia

De izquierda a derecha y de arriba a abajo, estas caricaturas de los heterónimos de Pessoa corresponden a Soares, Reis, Campos y Caeiro.

-Antonio Machado se inventó a Juan de Mairena, aunque él lo llamaba apócrifo. Del latín apocry̆phus, y este del griego από, ‘lejos’, y κρυφος, ‘oculto’. Que también es un ente ficticio.

Machado llegó a utilizar 33 apócrifos, entre los que se encuentran el ya mencionado y otros como Manuel Cifuentes Fandanguillo, José María Torres, Tribucio Rodrigálvarez, Antonio Palomero o Alfonso Toras.

-Miguel de Unamuno también los utilizó: el poeta Rafael y Augusto Pérez.

-En la literatura inglesa el más conocido es Oscar Wilde y la imagen de Grey de su obra El retrato de Dorian Grey.

 

Epigrama

Epigrama, del griego antiguo ἐπί-γραφὼ, literalmente, sobre-escribir o escribir encima. Es una breve composición poética mediante la cual se expresa un pensamiento satírico.

Creado en la Grecia clásica, era una inscripción que se ponía sobre un objeto: un regalo, una estatua o una tumba; aunque más tarde los epigramas sobre las tumbas pasaron a llamarse epitafios o epicedios. La mayoría de los epigramas griegos puede encontrarse en la Antología palatina. Después de los griegos destacaron los romanos con Catulo y Marcial a la cabeza.

Durante el Barroco español fue un arte muy utilizado con el fin de mostrar el ingenio. Así tenemos a Baltasar Gracián, por ejemplo, quien realiza un estudio y antología de epigramas en castellano y latín en su obra Agudeza y arte de ingenio. Otra obra de la época que recopila estas composiciones es Poesías selectas de varios autores latinos de Joseph Morell.

En el s. XVIII el género tomó un camino más educativo, menos vulgar con autores como León de Arroyal con su obra Epigramas, donde lo define como “un juego artificioso de voces, con que suele encubrir un concepto las más veces popular, terminando un pensamiento, al parecer ordinario, con una agudeza picante, activa y espirituosa”. Y añade que tiene dos virtudes: “una es un cierto retorno, o juego de voces, que deleiten el oído; y la otra, que es la más principal, la brevedad, novedad, agudeza o elevación del pensamiento, que sorprenda gustosamente el ánimo”.
Por otro lado, en esta misma época tenemos la definición de Juan de Iriarte utilizando la forma propia de un epigrama:

<<A la abeja semejante,
para que cause placer,
el epigrama ha de ser
pequeño, dulce y punzante>>

Algunos autores que recogieron esta manera peculiar de hacer poesía son Cela, Pío Baroja, Oscar Wilde, Alexander Pope y Ramón Gómez de la Serna, derivando posteriormente en sus greguerías, incluso podemos relacionarlo con el haiku de la literatura japonesa; en un ámbito más actual lo denominamos micropoesía, que a su vez ha derivado en nanopoesía: la brevedad llevada al extremo, poco frecuente en español, ni siquiera es fácil encontrar una definición, sin embargo es más común en portugués e inglés; se denomina “nano” por ocupar poco espacio, se refiere a que el tamaño de las letras es mínimo, llegando a componerse por pequeñas partículas, tan diminutas que incluso son imposibles de leer, al menos para mí, como el ejemplo del enlace. Se edita una revista en inglés tres veces al año.

En mi biblioteca tengo varios ejemplares de micropoemas, algunos de los cuales quiero compartir aquí, no porque estén entre mis favoritos ya que es una difícil elección, sino porque son más de mi tiempo.

Foto de Estefanía Alfonso

Foto de Estefanía Alfonso

El primero de ellos es Si amaestras una cabra llevas mucho adelantado, de José Luis Cuerda, conocido director de cine español. Publicado en 2013, nos ofrece una amplia recopilación de citas, reflexiones, pensamientos, aforismos, chascarrillos, ocurrencias e ideas filosóficas que abordan distintas áreas de la vida: la economía, el fútbol, la religión, el sexo, el amor, el capitalismo o la subida del IVA.

El autor describe el libro de la siguiente manera: “¿Quién no lleva una cabra dentro? Una cabra puede ser un disgusto, una obsesión, un objeto de deseo, un tesoro. Tarde o temprano, sentimos la necesidad de dialogar con la cabra que llevamos dentro y convencerla de que entre en vereda. Y el animalico lo hace, se aviene. Se producen entonces en nuestras vidas momentos radiantes, de conformidad luminosa. Así, empecé yo hace unos meses, a escribir los textos que dan cuerpo a este libro. El milagro de convertir en letras, palabras o frases lo que fragua el pensamiento-cabra se produce con la doma de las ideas-cabras. Amaestrada la cabra, sujeta a norma escrita y dibujada, uno, en esta feria del mundo, la exhibe sin escalera y sin látigo. Y por si caen unas perras en la boina”.

Foto de Estefanía Alfonso

Foto de Estefanía Alfonso

El segundo es del escritor argentino Eduardo Mazo, conocido como “el poeta de la Rambla”, es un bohemio que edita y vende sus propios libros porque según él “los editores dan poco apoyo a los artistas de verdad”. Señor sesentón, delgado, con pañuelo al cuello y gorra, como sacado de una película de tangos argentinos. Ha sido vendedor, periodista, psicólogo y político del Partido Peronista.

Foto de Estefanía Alfonso

Foto de Estefanía Alfonso

La tercera foto es de dos libros de micropoemas en español, son de Ajo, una micropoetisa española. La verdad es que, aparte del contenido, me encantan los formatos, las portadas, los colores y las contraportadas utilizadas. Estos pequeños libros están cargados de mensajes de principio a fin.

Escribiendo este post me he dado cuenta de cómo desde la literatura clásica griega hemos ido evolucionando hasta volver a la brevedad de los epigramas, aunque en la actualidad los llamemos de otra manera, quizás por esas cosas de la lengua, que también varía con el paso del tiempo.