El plural expresivo

¿Alguna vez te has preguntado por qué decimos “buenos días” cuando en realidad nos referimos a un solo día?

Es el tipo de plural que en español llamamos plural expresivo y que se utiliza para expresar intensidad en vez de cantidad, y en muchos casos también es para añadir énfasis a lo que decimos. De entre los idiomas más hablados y cercanos al español, solo nosotros utilizamos la forma plural: Bon dia (catalán), Good morning (inglés), Bonjour (francés), Buongiorno (italiano), Guten morgen (alemán)… siguiendo esto, en español deberíamos decir “buen día”, aunque es cierto que lo podemos haber escuchado, sin embargo su uso no está tan extendido y, a mí personalmente me rechina, a no ser que la frase sea “que tengas un buen día”.

Hay quienes piensan que su origen viene del español antiguo porque el saludo era “buenos días nos dé Dios”, refiriéndose a todos los días, no solo a este en cuestión. Defienden que la expresión se fue acortando, imagino que por aquello de la economía del lenguaje, y su significado pasó a ser el saludo de cada día.

Aparte de los saludos durante el día (“buenas tardes”, “buenas noches”), usamos más plurales expresivos de los que pensamos, pero no nos damos cuenta porque los aprendemos desde pequeños y no nos paramos a pensar demasiado en ellos; sin embargo para un extranjero que esté aprendiendo español, esto se puede convertir en un auténtico quebradero de cabeza.

Algunos ejemplos son: “felicidades”, “muchas gracias”, “hacer las paces”, “dale recuerdos de mi parte”, “te mando saludos”, “mis condolencias”, “felices fiestas”, “cambiar de aires”… ¿A que te vienen más a la cabeza?

Os dejo con el estupendo poema de Pablo Neruda, “Buenos días, ¿puedo pasar?” recitado por él mismo.

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“Veinte poemas de amor y una canción desesperada” de Neruda

Imagen de Amazon

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La segunda letra N del reto Autores de la A a la Z va dedicada a un grande de la literatura en español: Pablo Neruda y Veinte poemas de amor y una canción desesperada, obra que lo llevó a la fama siendo un joven de tan solo 19 años. Neruda nació en Chile, y se considera uno de los grandes poetas de su época, mi admirado Gabriel García Márquez se refirió a él como «el más grande poeta del siglo XX en cualquier idioma». Ganó el Premio Nobel de literatura en 1971.

Pablo Neruda no solo destacó en su faceta de poeta, sino también como político activista del partido comunista de su país, senador, y embajador en Francia.

Veinte poemas de amor y una canción desesperada puede ser considerada la obra más conocida del autor, y quizá una de las mejores no solo de Neruda, sino también de la literatura de habla hispana en general. El contexto, la composición, los recursos estilísticos y muchos otros elementos hacen de este poemario una obra de referencia.

Entre los temas destacan: el amor (incluye la amada y el amante), la tristeza, la naturaleza, el cuerpo humano, la poesía (que trata también la voz y el canto).

Hay quienes piensan que el poema nº 20 es el mejor, quizá por ser el último. A mí me gustan todos, aunque compartiré el que el autor dejó para el final del libro.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Escribir, por ejemplo: «La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos.»
El viento de la noche gira en el cielo y canta.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.
Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.
Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.
Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.
Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.
Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.
La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.
Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.
De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.
Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.
Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
Mi alma no se contenta con haberla perdido.
Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.

Y en el vídeo he elegido el nº 15, “Me gustas cuando callas porque estás como ausente”, porque lo recita Alejandro Sanz y la verdad es que queda muy bien.

“Desnuda” de Pablo Neruda

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“Mujer desnuda sentada” de Modigliani.

<<Desnuda eres tan simple como una de tus manos:
lisa, terrestre, mínima, redonda, transparente.
Tienes líneas de luna, caminos de manzana.
Desnuda eres delgada como el trigo desnudo.

Desnuda eres azul como la noche en Cuba:
tienes enredaderas y estrellas en el pelo.
Desnuda eres redonda y amarilla
como el verano en una iglesia de oro.

Desnuda eres pequeña como una de tus uñas:
curva, sutil, rosada hasta que nace el día
y te metes en el subterráneo del mundo

como en un largo túnel de trajes y trabajos:
tu claridad se apaga, se viste, se deshoja
y otra vez vuelve a ser una mano desnuda.>>

 

Epitalamio

Epitalamio viene del griego ἐπι (epi-) prefijo que significa “sobre”, y θάλαμος (tálamo) “lecho nupcial”. Es una poesía lírica utilizada como canto de boda; en la Grecia antigua los coros de jóvenes y doncellas lo cantaban en la puerta de la habitación de los novios acompañados por flautas e instrumentos de este estilo. Este género fue después acogido por los romanos.

Foto de latinpraves.

Foto de latinpraves.

Entre los compositores más conocidos de la época destacan los griegos Safo y Calímaco, y el romano Catulo.

Algunos autores que han cultivado este subgénero son Góngora, José Joaquín de Olmedo, Rubén Darío, Neruda y Ramón J. Sender.

A continuación comparto uno de Pablo Neruda:

Recuerdas cuando
en invierno
llegamos a la isla?
El mar hacia nosotros levantaba
una copa de frío.
En las paredes las enredaderas
susurraban dejando
caer hojas oscuras
a nuestro paso.
Tú eras también una pequeña hoja
que temblaba en mi pecho.
El viento de la vida allí te puso.
En un principio no te vi: no supe
que ibas andando conmigo,
hasta que tus raíces
horadaron mi pecho,
se unieron a los hilos de mi sangre,
hablaron por mi boca,
florecieron conmigo.
Así fue tu presencia inadvertida,
hoja o rama invisible
y se pobló de pronto
mi corazón de frutos y sonidos.
Habitaste la casa
que te esperaba oscura
y encendiste las lámparas entonces.
Recuerdas, amor mío,
nuestros primeros pasos en la isla:
las piedras grises nos reconocieron,
las rachas de la lluvia,
los gritos del viento en la sombra.
Pero fue el fuego
nuestro único amigo,
junto a él apretamos
el dulce amor de invierno
a cuatro brazos.
El fuego vio crecer nuestro beso desnudo
hasta tocar estrellas escondidas,
y vio nacer y morir el dolor
como una espada rota
contra el amor invencible.
Recuerdas,
oh dormida en mi sombra,
cómo de ti crecía
el sueño,
de tu pecho desnudo
abierto con sus cúpulas gemelas
hacia el mar, hacia el viento de la isla
y cómo yo en tu sueño navegaba
libre, en el mar y en el viento
atado y sumergido sin embargo
al volumen azul de tu dulzura.
O dulce, dulce mía,
cambió la primavera
los muros de la isla.
Apareció una flor como una gota
de sangre anaranjada,
y luego descargaron los colores
todo su peso puro.
El mar reconquistó su transparencia,
la noche en el cielo
destacó sus racimos
y ya todas las cosas susurraron
nuestro nombre de amor, piedra por piedra
dijeron nuestro nombre y nuestro beso.
La isla de piedra y musgo
resonó en el secreto de sus grutas
como en tu boca el canto,
y la flor que nacía
entre los intersticios de la piedra
con su secreta sílaba
dijo al pasar tu nombre
de planta abrasadora,
y la escarpada roca levantada
como el muro del mundo
reconoció mi canto, bienamada,
y todas las cosas dijeron
tu amor, mi amor, amada,
porque la tierra, el tiempo,el mar, la isla,
la vida, la marea,
el germen que entreabre
sus labios en la tierra,
la flor devoradora,
el movimiento de la primavera,
todo nos reconoce.
Nuestro amor ha nacido
fuera de las paredes,
en el viento,
en la noche,
en la tierra,
y por eso la arcilla y la corola,
el barro y las raíces
saben cómo te llamas,
y saben que mi boca
se juntó con la tuya
porque en la tierra nos sembraron juntos
sin que sólo nosotros lo supiéramos
y que crecemos juntos
y florecemos juntos
y por eso
cuando pasamos,
tu nombre está en los pétalos
de la rosa que crece en la piedra,
mi nombre está en las grutas.
Ellos todo lo saben,
no tenemos secretos,
hemos crecido juntos
pero no lo sabíamos.
El mar conoce nuestro amor, las piedras
de la altura rocosa
saben que nuestros besos florecieron
con pureza infinita,
como en sus intersticios una boca
escarlata amanece:
así conocen nuestro amor y el beso
que reúnen tu boca y la mía
en una flor eterna.
Amor mio,
la primavera dulce,
flor y mar, nos rodean.
No la cambiamos
por nuestro invierno,
cuando el viento
comenzó a descifrar tu nombre
que hoy en todas las horas repite,
cuando
las hojas no sabían
que tú eras una hoja,
cuando
las raíces
no sabían que tú me buscabas
en mi pecho.
Amor, amor,
la primavera
nos ofrece el cielo,
pero la tierra oscura
es nuestro nombre,
nuestro amor pertenece
a todo el tiempo y la tierra.
Amándonos, mi brazo
bajo tu cuello de arena,
esperaremos
cómo cambia la tierra y el tiempo
en la isla,
cómo caen las hojas
de las enredaderas taciturnas,
cómo se va el otoño
por la ventana rota.
Pero nosotros
vamos a esperar
a nuestro amigo,
a nuestro amigo de ojos rojos,
el fuego,
cuando de nuevo el viento
sacuda las fronteras de la isla
y desconozca el nombre
de todos,
el invierno
nos buscará, amor mío,
siempre,
nos buscará, porque lo conocemos,
porque no lo tememos,
porque tenemos
con nosotros
el fuego
para siempre.
Tenemos
la tierra con nosotros
para siempre,
la primavera con nosotros
para siempre,
y cuando se desprenda
de las enredaderas
una hoja
tú sabes, amor mío,
qué nombre viene escrito
en esa hoja,
un nombre que es el tuyo y es el mío,
nuestro nombre de amor, un solo
ser, la flecha
que atravesó el invierno,
el amor invencible,
el fuego de los días,
una hoja
que me cayó en el pecho,
una hoja del árbol
de la vida
que hizo nido y cantó,
que echó raíces,
que dio flores y frutos.
Y así ves, amor mío,
cómo marcho
por la isla,
por el mundo,
seguro en medio de la primavera,
loco de luz en el frío,
andando tranquilo en el fuego,
levantando tu peso
de pétalo en mis brazos,
como si nunca hubiera caminado
sino contigo, alma mía,
como si no supiera caminar
sino contigo,
como si no supiera cantar
sino cuando tú cantas.

“Me gustas cuando callas”

Obra: "A punto de romper el silencio" Autor: Hernán Muñoz

Obra: “A punto de romper el silencio”
Autor: Hernán Muñoz

“Me gustas cuando callas porque estás como ausente,
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca.

Como todas las cosas están llenas de mi alma
emerges de las cosas, llena del alma mía.
Mariposa de sueño, te pareces a mi alma,
y te pareces a la palabra melancolía.

Me gustas cuando callas y estás como distante.
Y estás como quejándote, mariposa en arrullo.
Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza:
déjame que me calle con el silencio tuyo.

Déjame que te hable también con tu silencio
claro como una lámpara, simple como un anillo.
Eres como la noche, callada y constelada.
Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.

Me gustas cuando callas porque estás como ausente.
Distante y dolorosa como si hubieras muerto.
Una palabra entonces, una sonrisa bastan.
Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto”.

Poema 15 de Veinte poemas de amor y una canción desesperada de Pablo Neruda.