Femenino y masculino

equality-2110561_960_720¿Dices niños y niñas, doctoras y doctores, maestros y maestras…?

Quizá deberías darte un paseo por las reglas gramaticales de la lengua española y descubrir que en español el plural en masculino implica ambos géneros, por lo que al dirigirte al público no es necesario ni correcto decir “ministros y ministras”, a pesar de que se use de manera común en la política y el periodismo.

Por otra parte, también deberías saber que decir las palabras que aluden a ambos géneros solo es correcto cuando el femenino y el masculino son términos diferentes, como por ejemplo damas y caballeros, yegua y cabajo, mujer y hombre, vaca y toro…

Otra cosa es que quieras sumarte a la mole y digas barbaridades como portavoza o miembra, aunque podemos seguir con astronauto, poeto, taxisto, fisioterapeuto, masajisto, maquinisto…

A la hora de escribir estos cometen los mismos errores, algunos hacen algo que es incluso peor, como usar una X o @ para palabras como “todos”, ¿alguien me dice cómo se pronuncia “tod@s” y “todxs”, por favor?

La guerra de sexos no está en el idioma sino en el uso que cada cual hace de él. ¡Hablemos bien que cuesta poco y dice mucho!

 

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Epónimo

Epónimo es el nombre de una persona, animal o cosa que denomina algo. Según el diccionario de la RAE, es el nombre de una persona o de un lugar que designa un pueblo, una época, una enfermedad, una unidad, etc. Es una palabra que proviene del griego ἐπώνυμος, epónymos, formado por epí que significa en presencia de, y ónoma que es nombre. A veces este término se llega a asociar con alguna de sus características hasta tal punto que pasa al lenguaje cotidiano designando esa realidad y dejando a un lado su origen.

En literatura es un fenómeno muy habitual, se da tanto con nombres de autores como de personajes. Así tenemos palabras como dantesco, kafkiano, quijote, donjuán, celestina, orwelliano, quevediano, shakesperiano, lazarillo, odisea, lolita, narcisismo, o tenorio. En estos casos la relación es evidente, sin embargo en otros no lo es tanto, como por ejemplo la palabra pantalón, que proviene de Pantaleón, personaje de la Comedia del Arte italiana cuya característica principal es la de utilizar esta prenda de vestir.

Anfitrión viene de un personaje mitológico llamado así, sin embargo adquirió el carácter de epónimo gracias a la obra de Molière con el mismo título; este autor también contribuyó con el término tartufo, de la obra homónima, y que define a una persona hipócrita.

Hay veces en las que el uso cotidiano de la palabra supera e incluso modifica el significado original del epónimo en relación con su origen. Es el caso del término orwelliano, que se define como aquella sociedad que reproduce actitudes totalitarias y represoras, como las descritas en la novela 1984 de George Orwell, sin embargo este uso de la palabra no sólo no refleja lo que Orwell quiso decir, sino que transmite lo opuesto.

Imagen de la web de Terry Border

Imagen de la web de Terry Border

La obra de Orwell, una de mis novelas favoritas, hace referencia a la importancia del lenguaje en la formación de pensamientos y de emociones. 1984 describe maneras sutiles de someter a la población haciendo uso de la propaganda y del lenguaje, para ello se eliminan palabras del inglés creando así un dialecto oficial denominado «neolengua», que no es más que una simplificación del lenguaje con el fin de evitar el desarrollo del pensamiento crítico. Esta lengua utiliza las palabras para ocultar su significado en vez de para transmitirlo, de ahí que el autor creara el término «doblepensar», que no es más que llamar a algo con el nombre de lo contrario, por ejemplo en la obra el Ministerio del Amor se encarga de torturar a los presos, y el de la Verdad falsifica los datos históricos.

Hace un tiempo llegó a mis manos el vídeo que comparto a continuación, en el que Noah Tavlin explica claramente este uso erróneo del término orwelliano, y afirma que «si hablan de un uso engañoso y manipulador del lenguaje están en lo correcto. Si hablan de vigilancia masiva y de gobierno intrusivo están describiendo algo autoritario pero no necesariamente orwelliano».