“Las meninas” de S. García y J. Olivares

Foto de Estefanía Alfonso

Foto de Estefanía Alfonso

“¿Cómo se le ocurre a alguien hacer un cómic sobre un pintor del barroco español y su obra maestra?”. Esta pregunta es sin duda lo primero que me vino a la cabeza al enterarme de la publicación de esta novela gráfica.

Sí, Las meninas es un cuadro de Velázquez, pero también es un cómic de los geniales Santiago García y Javier Olivares.

En mi opinión y en la de muchos otros se trata del título del año en este arte. Han dado de lleno en la diana estos dos artistas, porque todas las críticas que he leído son positivas; porque se trata del cómic que he visto más reseñado desde que recuerdo; porque su difusión ha sido tal que incluso lo han elogiado en medios de comunicación más generales que no se dedican a estas cosas y menos aún tratándose de tebeos, como por ejemplo El País, RTVE o eldiario.es; también en innumerables blogs y webs literarias. A tanto ha llegado que incluso el pasado 26 de marzo salió a la venta en Francia, según una nota de prensa de Astiberri ediciones. Pero es que no sólo llega hasta aquí la cosa, además era una de las nominadas al Premio a Mejor obra del año en el Salón del cómic de Barcelona junto con otras seis obras de esta misma editorial, y ¡se lo han llevado! Las meninas ha ganado el Premio a la mejor obra de autor español publicada en 2014. ¡Enhorabuena!

Y es que la obra lo merece, está trabajada con ahínco, y eso se nota al leer y al ver las ilustraciones, ya que hay un despliegue técnico, literario y visual apabullante, amén de la cantidad de referencias de la época que podemos observar durante la lectura. Ignoro el tiempo que deben haber dedicado a preparar la obra, pero intuyo que habrán sido muchas las horas empleadas en documentarse, y claro, el trabajo duro se ve recompensado teniendo como resultado esta excelente novela gráfica y la respuesta por parte del público.

Uno de los detalles que me llama la atención es la narración en sí, ya que el guionista opta por dar saltos constantes en el tiempo en el que vivió Velázquez, el s. XVII durante el reinado de Felipe IV, a menudo vemos referencias a esos años y a personajes del momento como Murillo o el Condeduque de Olivares dado que se trata de la época en la que se ambienta la historia central, sin embargo de repente va años atrás nombrando a artistas como Tiziano, Apeles o Zeuxis; o se va cientos de años adelante, a la época en la que vivieron artistas como Picasso, Dalí, Buero Vallejo o Foucault, sin duda todos ellos influenciados, artísticamente hablando, por el gran Velázquez. Esta capacidad del guionista para llevarnos a épocas tan dispares en el tiempo sin duda se ve apoyada a la perfección por las ilustraciones de Olivares: no sólo cambia el texto, sino también los personajes, el entorno, el tono, el dibujo o el color, a veces esto sucede incluso en la misma página, con lo cual el efecto visual es impresionante.

Foto de Estefanía Alfonso

Foto de Estefanía Alfonso

La narración no sería tan poderosa sin unas ilustraciones a su nivel. La labor de Olivares aquí es espectacular, realiza un magnífico trabajo jugando con los ángulos, las formas geométricas de los fondos, las caras y gestos tan expresivos de cada personaje… sin duda son características que denotan una gran personalidad del ilustrador. Quizás es lo que hay que tener para atreverse a dibujar y tratar con una obra maestra y la pintura estrella del Museo del Prado.

Por otro lado, quiero resaltar la maestría con la que se juega con las sombras y los colores, sin duda es una manera perfecta para retratar la época, por ejemplo los interiores del castillo del rey, la sala de trabajo del pintor o las calles de las ciudades de Madrid y Sevilla en aquel siglo. También utiliza este juego cromático para dibujar sitios y monumentos emblemáticos como el Museo del Prado, el Monasterio del Escorial, la Plaza de San Marcos de Venecia, el Vaticano y el Panteón en Roma.

Las meninas es sin lugar a dudas la biografía más original de Velázquez que podamos leer (salvando las distancias entre ambos géneros literarios, lógicamente), en ella se reflejan numerosos aspectos de la vida del pintor. De todas esas facetas quiero quedarme con tres, que, a mi modo de ver, son las obsesiones del pintor.

Primero ser aceptado en la Orden de Santiago, lo vemos reflejado en la obra en secuencias como el proceso de admisión mediante el cual un representante va realizando preguntas sobre Velázquez a sus más allegados.

En segundo lugar y en relación con el punto anterior está su deseo de ser recordado, de hecho el guionista lo pone en boca del protagonista en la pág. 159 cuando el pintor le dice al emisario de la Orden “Algún día, sólo os recordarán por mí”.

Y como tercer elemento está querer ser el mejor, de ahí la búsqueda de la perfección, de la obra maestra. Y, ¿qué es una obra maestra? Quizás aquello que proyecta algo que no está al alcance de todos, aquello que va más allá del trabajo técnico que hay detrás de cualquier arte. Esta obsesión es explícita desde el comienzo de la historia en la pág. 17 cuando García pone las siguientes palabras en boca de Velázquez: “Lo he pintado todo. Todo lo que se puede pintar… Todo menos mi obra maestra”.

Aparte de lo que he detallado anteriormente, hay muchas otras cosas que destacaría de este cómic, pero no quiero que este post sea más largo que la obra, sin embargo no me iré sin mencionar algo más de los artistas que lo han hecho posible, ¿quizás han conseguido su obra maestra?, y de la obra en la que se basa el cómic.

El ilustrador, Javier Olivares, conocido por otras publicaciones como Astro, valiente explorador, Las crónicas de Ono y Hop o El extraño caso del Doctor Jekyll y Mister Hyde.

Santiago García, el guionista, con muchas obras de las que destaco las más recientes Beowulf y Fútbol, la novela gráfica, con las que está teniendo gran éxito también. Sin duda este autor está en racha.

En cuanto a la pintura, hay muchas curiosidades a su alrededor. Una de ellas es que se trata del cuadro con las mayores dimensiones que pintó Velázquez; otra es que en el cuadro el pintor aparece con la Cruz de Santiago en el pecho, dice la leyenda que fue el propio rey el que se la pintó posteriormente, ya que en ese momento aún no era caballero de la Orden; otro dato curioso es que la línea invisible que une las cabezas de las figuras forma el signo de Capricornio, lo que hizo pensar que fue dedicado a la reina doña Mariana de Austria, nacida el 23 de diciembre de 1634, pero luego se descubrió que probablemente la imagen de ésta fue añadida con posterioridad, lo cual constituye una curiosidad más, ya que en él aparecen el rey y la reina, sin embargo, en radiografías que se han hecho al cuadro sólo aparece la imagen del rey. Hay muchos datos más que hacen de ésta la obra por excelencia del autor, y quizás para muchos de la pintura española.

Es fabulosa esta manera de volver a esta parte de la Historia que estudié de niña y adolescente, sin duda es una forma muy original de recordar esos detalles y seguramente a muchos estudiantes de ahora no les costaría tanto aprenderla. ¿Quién dijo que los cómics son sólo de superhéroes? Esto ha cambiado mucho y para mejor.

Para finalizar, simplemente quiero dar las gracias una vez más a Norma Còmics Palma por haberme facilitado la novela gráfica, y al Gremi de llibreters y al Consell de Mallorca por haber organizado la Campaña por el fomento de la lectura y haber elegido este blog como participante en la misma.

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Un pensamiento en ““Las meninas” de S. García y J. Olivares

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