Estefanía Alfonso

Seguro que al leer el título de este post muchos han pensado algo así como “se va a dedicar un post” o “va a escribir sobre sí misma en el blog de literatura”. Pues no, aunque lo parezca esto no va sobre mí, sino que se trata de Historia y Literatura española.

Estefanía Alfonso, la Desdichada (s. XII), fue una dama leonesa hija ilegítima del rey Alfonso VII de León y la condesa Urraca Fernández de Castro. Fue hermanastra de los reyes Sancho III de Castilla y Fernando II de León. Contrajo matrimonio con su primo Fernán Rodríguez de Castro, el Castellano, quien la asesinó por error. Según la historia, una de las criadas de Estefanía tenía un amante, y para asegurarse de no ser descubierta acudía a las citas con las ropas de su señora, hasta que alguien se lo contó a su esposo, éste fue a expiarlos y enfadado apuñaló al amante, mientras la criada huyó a los aposentos de Estefanía. El esposo lleno de ira fue a buscar a su mujer, a quien encontró desnuda en la cama y también la apuñaló. Justo después se dio cuenta de que no le había dado tiempo de llegar y desvestirse, registró la habitación y descubrió a la criada escondida. Más enfadado aún por su error, mandó quemar viva a la criada, se puso una soga al cuello y tomó la daga con la que había cometido los dos asesinatos y se presentó ante su cuñado, el rey Fernando II de León, con el fin de pedirle perdón y el castigo merecido por sus actos, sin embargo éste no tomó represalias.

Fue enterrada en el Panteón de Reyes de San Isidro de León junto a su abuela, con un epitafio que decía:

H. R. INFANTISSA DOMINA STEPHANIA, FILIA IMPERATORIS ADEFONSI, CONJUX FERDINANDI RODERICI POTENTISSIMI BARONIS, MATER PETRI FERDINANDI CASTELLANI, QUAE OBIIT ERA MCCXVIII. KAL. JULII

“Aquí yace la infanta doña Estefanía, hija del Emperador Alfonso, esposa del poderosísimo Fernán Ruiz, madre de Pedro Fernández Castellano, que falleció el día 1 de julio de 1180”.

Este asesinato ha inspirado varias obras literarias: Luis Vélez de Guevara escribió Los celos hasta los cielos y desdichada Estefanía; la cantiga 185 de Alfonso X; la elegía dedicada al conde de Lemos incluida en Rimas de Juan de Jáuregui; El pecado de doña Sancha de Luis Valladares y Garriga; La farsa de Matallanas de Luis Maldonado;  Lope de Vega escribió dos obras una de ellas titulada Los comendadores de Córdoba, basada en los asesinatos cometidos en Córdoba durante el reinado de Fernando Alfonso de Córdoba, y la tragicomedia La desdichada Estefanía, 1604.

Foto de Estefanía Alfonso

Foto de Estefanía Alfonso

La desdichada Estefanía es el segundo componente de una trilogía de la que también forman parte El servir con mala estrella y El pleito por la honra, también conocida como El valor de Fernandico, la primera obra está dedicada a los antecedentes del asesinato, mientras que la segunda trata de los acontecimientos posteriores.

La obra está clasificada como drama histórico y como drama de honor, dentro de este último es un drama de uxoricidio; el propio autor la denominó tragedia.

El asesinato de Estefanía por parte de su esposo tiene lugar en el tercer acto de la obra de Lope. Éste acepta la tradición y casi no modifica los hechos históricos, un claro ejemplo de ello es la escena en la que los dos escuderos revelan a Fernán Ruiz de Castro, al volver de la guerra, su supuesta deshonra. Es en este momento de la obra española donde veo similitudes con Otelo de Shakesperare; cuando en ambas se llega al clímax, cuando los hechos ya no dependen del carácter sino de la situación, cuando la narración se encuentra en su máximo apogeo, en las muertes de Estefanía y Desdémona observamos el mismo derroche de elocuencia por parte de sus autores.

CASTRO
(Con la espada desnuda.)
¡Muere, cruel!

ESTEFANÍA
(En la cama herida.)
¡Dios mío! ¡Jesús mío!
¿Qué es esto? ¿Quién me ha muerto?

CASTRO
¡Yo, traidora!

ESTEFANÍA
¿Tú, mi señor, tan grande desvarío?

CASTRO
¿Quién llora aquí también?

ESTEFANÍA
Tu hijo llora.
Abriguéle en mis brazos por el frío;
No me acosté por esperarte. ¿Ahora
Me matas, y hoy me has hecho tantas fiestas?

CASTRO
¿Qué voces son tan diferentes éstas?
Mujer, ¿no estabas con aquel que he muerto
Ahora en el jardín?

ESTEFANÍA
¿Quién te ha engañado?

CASTRO
Yo, ¿no te vi con él?

ESTEFANÍA
¿Qué bien, por cierto,
Mi amor y obligaciones has pagado!

CASTRO
¡Válgame todo el cielo! ¿Estoy despierto?

ESTEFANÍA
Si en Córdoba mi padre te ha enojado,
¿Qué culpa tuve yo, dulce bien mío,
Cuando tu hijo entre mis brazos crío?

CASTRO
¿Cómo respondes eso?

ESTEFANÍA
¡Ah, Castro! ¡Ah, Castro!
¿En mí te vengas de pasiones vanas?

CASTRO
¿Qué sangriento dolor, qué influjo de astro
Me ha puesto aquí, qué furias inhumanas?
¿Yo no entré en el jardín siguiendo el rastro
De tus pisadas torpes y livianas?
¿Yo no le vi en tus brazos, tú en los suyos?

ESTEFANÍA
¿Yo he estado en otros brazos que en los tuyos?
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

BERMUDO
La cama tiembla.

CASTRO
De mi honor culpada.

  MUDARRA
Mira lo que hay aquí.
(Sacan a Isabel detrás de la cama.)

  CASTRO
Pues ¿qué es aquesto?

ISABEL
¡Echó fortuna a mi desdicha el resto!
¡Tarde o temprano, al mal castigo viene!

CASTRO
¿Es Isabel?

MUDARRA
¿No escuchas lo que dice?

ISABEL
Amor, que no hay cordura que le enfrene,
Aunque al mundo mi engaño escandalice,
Aunque disculpa en sí y en otros tiene,
No la quiero tener del mal que hice.
Yo soy quien, de Fortunio enamorada,
Le gocé de esta suerte disfrazada:
Fingí ser mi señora Estefanía.
Huyendo tu furor, aquí me he puesto.

CASTRO
¡Ángel del cielo, amada esposa mía,
Este demonio fué la causa de esto!
¡Maldiga Dios de mi venida el día!

ESTEFANÍA
¿Cómo que diste crédito tan presto
A quien te puso en tan notable engaño?

CASTRO
¡Ay, infames testigos de mi daño!
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

ESTEFANÍA
¡Abrázame, y adiós, hijo querido!
¡No os puedo ya criar; mi sangre os queda,
Que de una desdichada habéis nacido!

Hace años que descubrí esta obra, fue allá por los años de instituto cuando estudié la literatura del Siglo de Oro español, como no, Lope de Vega es uno de los mayores representantes dentro del teatro de la época, y lógicamente, me llamó poderosamente la atención descubrir que existió un personaje histórico perteneciente a la nobleza española con el mismo nombre que yo, bueno, en realidad compartimos nombre y apellido, confío en que nada más.

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