Curiosidades sobre León Tolstói

Foto de FNAC

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“¡A tierra! gritó el ayudante, tumbándose rápidamente. El príncipe Andréi siguió en pie, indeciso. La granada, humeante, giraba como una peonza entre él y el ayudante, tumbado en tierra, en el borde del sembrado y el prado junto a la mata de ajenjo. ¿Es la muerte?, pensó el príncipe Andréi, mirando con expresión nueva y ojos envidiosos la hierba, la mata de ajenjo y el humo que se desprendía de aquella girante pelota negra. No puedo, no quiero morir. Amo la vida, amo esta hierba, la tierra, el aire…”.

Extraído de la novela Guerra y paz de León Tolstói, cuyo nombre real era Lev Nikoláievich Tolstói (Лев Никола́евич Толсто́й en cirílico ruso).

La obra citada anteriormente y Anna Karénina son las más famosas, ambas consideradas la cumbre del realismo.

Tolstói tenía unas ideas peculiares sobre lo denominado “la no violencia activa” que dejó plasmadas en su libro El reino de Dios está en vosotros, publicado por primera vez en Alemania en 1894 al haber sido censurado en Rusia. En esta obra desarrolla una sociedad ideal guiado por la interpretación que extrae de las enseñanzas de Cristo, la verdadera según Tolstói en oposición a la apostólica. Estos ideales tuvieron un gran impacto en personajes históricos tan importantes como Martin Luther King y Gandhi.

Es considerado uno de los mejores escritores rusos junto con Dostoyevski, a quien ya dediqué un espacio en este blog con el post Dostoyevski y sus mudanzas.

Con él se originó el Movimiento tolstoyano. Pensó que había una contradicción entre su vida cotidiana y su ideología, por lo que decidió abandonar los lujos y vivir con los campesinos de Yásnaya Poliana, lugar en el que se crió y vivió; sin embargo no obligó a su familia a seguir sus pasos y continuó viviendo junto a ellos en una gran parcela, lugar al cual sólo llegaba a dormir. Pasaba la mayor parte del día ejerciendo el oficio de zapatero. En la aldea fundó una escuela para los hijos de los campesinos, ejerció de profesor, autor y editor de los libros de texto; daba clases de gimnasia e impartía las materias en el jardín. Creó para ello lo que se conoce como pedagogía libertaria, una manera de dar clases basada en instruir en el respeto a ellos mismos y a sus semejantes.

Falleció en 1910, y entre sus últimas palabras destacan éstas: “Hay sobre la tierra millones de hombres que sufren: ¿por qué estáis al cuidado de mí solo?”, de rabiosa actualidad tantos años después.

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