Cuando leer deja de ser un placer

En lo que llevo de año he tenido la ocasión de leer dos libros que no sé muy bien cómo calificar, a ver si al final de este post llego a un adjetivo, o varios, que describan correctamente lo que quiero decir, y si no, tengo la esperanza de que alguien que quiera comentar me ayude. Gracias de antemano.

Foto de Estefanía Alfonso

Foto de Estefanía Alfonso

El primero sobre el que quiero hablar es éste, Canciones para Elena y otros cuentos, de Pep Capó, escritor aficionado mallorquín a quien he tenido la oportunidad de conocer y decirle lo que voy a añadir a continuación, más o menos con las mismas palabras.

Por cierto, el libro me lo prestaron, quise comprarlo pero no lo encontré, y el propio autor me regaló el ejemplar de la foto.

Se trata de la narración de varias historias cortas. Los temas son variados aunque veo un fondo común en todas ellas, los protagonistas son oscuros y, si no recuerdo mal, en todos los cuentos muere alguien de forma peculiar.

La verdad es que la manera de contar los hechos me gusta, el problema que tengo con este libro es que está repleto de faltas de ortografía, y no puedo con eso. Los errores gramaticales hacen que mi atención se marche de la trama y se instale en la lengua: sintaxis, semántica, gramática y ortografía.

Acabo prestando más atención a los fallos del autor que al contenido de la obra, y en este caso la verdad es que no recuerdo una historia completa, ni siquiera podría describir un personaje, y ello se debe a que todo eso ha ido perdiendo interés para mí.

Me da pena no sólo por conocer al autor aunque no tenga relación con él, sino porque recuerdo que en su día las historias me dejaron un buen sabor de boca, cierto es que no es lo mejor que he leído en mi vida, que se nota que él no se dedica a escribir, que es un autor novel y todo eso, pero bueno, en mi opinión no cuesta tanto escribir bien si uno tiene unos conocimientos básicos de la lengua que habla ¿o estoy confundida?

Este libro fue publicado por una editorial formada por un grupo de amigos, y ésa es la razón que alguna gente me ha dado para defender el tema de las faltas, algo indefendible en mi opinión, de hecho ese motivo cae por su propio peso en tanto en cuanto un grupo de personas con cultura decide crear una editorial, quiero entender que saben escribir; y, por otro lado, cuando uno decide escribir y se sabe limitado para ello, alguien lee y corrige ese escrito, y en caso de que no sea así, existen correctores ortográficos, que no son de mi agrado pero que algo harán ante los desastres que he tenido la ocasión de leer. En fin, que para mí este asunto hace que mi interés hacia la historia desaparezca por completo.

Por otro lado está Siempre habrá un lugar para soñar de Luis Anguita, éste no hay por dónde cogerlo. En realidad aún me sigo preguntando cómo fui capaz de terminarlo porque la verdad no me lo explico.

Foto de Estefanía Alfonso

Foto de Estefanía Alfonso

Es la mayor concentración de faltas de ortografía, gramática, sintaxis y semántica que he visto en mi vida después de la frase “ola k ase”. Además el texto es repetitivo hasta la saciedad, en un mismo párrafo compuesto por dos partes tenemos la primera y la segunda con la misma descripción pero las oraciones puestas en otro orden, ya que el autor no se ha molestado ni en buscar sinónimos en muchos casos. ¡Con lo rico que es el español!

Además de que es un texto empalagoso hasta decir basta. Empieza siendo una lectura amena y más o menos interesante y, conforme avanzan los capítulos se va convirtiendo en puro azúcar, de verdad que es un libro no apto para diabéticos, y por supuesto, no apto para cardíacos porque a mí casi me da algo leyendo esas palabras juntas sin ton ni son, que es la conclusión que saco de su lectura. Mi consuelo, por encontrar alguno, es que me regalaron el libro, porque de verdad que no me perdonaría haberme gastado lo que sea que cuesta en semejante tortura para mis ojos.

No sé si este caso es autoeditado, si es la editorial de los colegas o qué, pero la verdad es que me he pasado toda la novela corrigiendo las faltas, incluso en plan broma se me ocurrió la idea de remitir mi ejemplar al escritor para que le eche un ojo de nuevo y vuelva a editarla, pero bueno, no lo voy a hacer. En realidad no sé qué hacer con ella, aquí la tengo en una estantería un poco escondida para no verla con demasiada frecuencia y así evitar que me vuelvan las pesadillas.

Yo a estas cosas no las llamo libros porque es una categoría que no merecen, para mí son hojas puestas unas detrás de otras (pobres árboles) que contienen palabras mal escritas y dispuestas al azar en muchos casos y con un poco de sentido en otros, pero mal escritas en la mayoría de ellos.

Durante toda mi vida he leído libros de todo tipo, supongo que como cualquier aficionado. Los malos al menos estaban bien escritos; también asumo que haya algunas faltas, no erratas que ésas son otras cosas, en los libros más importantes, más leídos, más vendidos, de autores de renombre, etc., hasta aquí vale. Sin embargo este año me he topado con estos dos, el primero del que hablo no está mal en cuanto a contenido como ya he dicho, pero el segundo es realmente lamentable.

Quizás ambos se podrían usar como ejemplo de “lo que no debes hacer al escribir”.

Para terminar quiero añadir que con esta entrada no pretendo insultar a los autores, aunque sé que algunos lectores se decantarán por esa opción, pero qué puedo hacer, igual que a mí no me ha gustado el daño que algunas lecturas han hecho a mis ojos, a otros no les gustará mi opinión sobre ellas. Además, decir que no me ha gustado un libro con respeto y sin palabras soeces no es atacar a quien lo escribió, sino dar una opinión, en este caso se trata de desconocidos, pero la verdad es que hay best sellers que no me han gustado en absoluto, cierto es que sólo he escrito sobre uno en mi otro blog hace mucho tiempo; me gustó tan poco ese libro que ni siquiera voy a nombrarlo aquí.

Hay muchos libros que me han gustado, afortunadamente la mayoría de los que he leído, algunos que no y otros que han pasado por mis manos sin pena ni gloria. Quizás de estos dos que estoy tratando en este escrito el primero pertenezca a ese grupo de ni fu ni fa, pero lo que tengo muy claro es que el otro engorda la lista de los malos.

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5 pensamientos en “Cuando leer deja de ser un placer

  1. Tal vez te sirvan las hojas cuando no tengas cómo encender un asado. Otra idea muy difundida otrora es la de utilizarlos como pata sustituta de una cama. Y una que se me ocurre ahora nomás es utilizarlo como reemplazo del pad del ratón de tu ordenador.
    Saludos.

  2. Ya sabes que uno de los derechos del lector es no terminar un libro si no gusta, recuérdalo la próxima. Sé que duele dejarlos a medias, a mí antes también me pasaba, pero desde dejo de lado algo que no me gusta nada soy más feliz y tengo más tiempo para leer libros que sí me llenan. Biquiños!

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